Argumentation und begründete Erklärung des Ursprungs des Werkes:
La llama del humano no comenzó cuando aprendió a fabricar herramientas, ni cuando descubrió el fuego, ni siquiera cuando desarrolló el lenguaje. Comenzó mucho antes, en un acontecimiento silencioso cuya naturaleza todavía hoy constituye uno de los mayores enigmas de la ciencia y de la filosofía.
En algún momento de la evolución, la inteligencia dejó de ser únicamente un mecanismo destinado a aumentar las probabilidades de supervivencia y encontró un nuevo compañero de viaje: la consciencia. Aquella unión cambió para siempre el destino de nuestra especie.
La inteligencia nos permitió interpretar el mundo. La consciencia nos permitió experimentar que éramos parte de él. Separadas, ambas capacidades habrían tenido un alcance limitado. Unidas, inauguraron una realidad completamente nueva: un ser capaz de pensar sobre sus propios pensamientos, de emocionarse por sus recuerdos, de imaginar futuros inexistentes y de preguntarse cuál era el sentido de su existencia. Fue una auténtica simbiosis. No una simple suma de facultades, sino una cooperación de la que emergió una propiedad completamente nueva: la identidad.
A partir de ese instante, el ser humano dejó de limitarse a vivir y comenzó también a comprender que vivía y con esa comprensión llegaron todas las consecuencias. Nació el arte como necesidad de comunicar aquello que no podía decirse únicamente con palabras, nació la filosofía para intentar responder preguntas que la supervivencia nunca había necesitado formular, nació la ciencia como consecuencia del deseo de comprender los mecanismos del universo, nacieron las religiones, la ética, la memoria colectiva y la cultura. Todo aquello que hoy llamamos civilización es, en última instancia, la prolongación histórica de aquella primera gran alianza.
Paradójicamente, también aparecieron el miedo, la angustia y el dolor existencial. Porque la misma consciencia que nos permite amar es también la que nos obliga a enfrentarnos a la pérdida. La misma inteligencia que construye conocimiento es la que anticipa la muerte. Sin embargo, precisamente esa tensión constituye nuestra mayor grandeza. Somos una especie extraordinariamente frágil construida sobre una simbiosis extraordinariamente poderosa. No somos nada desde una perspectiva cósmica, pero somos muchísimo gracias a muy poca cosa.
Apenas unos kilogramos de materia organizados de una manera capaz de producir preguntas, belleza, compasión, creatividad y conocimiento. Quizá el mayor logro del universo no haya sido crear galaxias, estrellas o planetas, quizá haya sido lograr que una pequeña parte de sí mismo desarrollara la capacidad de contemplarse y preguntarse por su propio origen.
Si el Simbiosismo sostiene que todo aquello que perdura nace de una simbiosis, entonces la historia humana constituye su mejor ejemplo, porque antes de cualquier obra, antes de cualquier civilización y antes de cualquier descubrimiento, existió una alianza silenciosa entre inteligencia y consciencia y de ella nacimos nosotros. “La inteligencia hizo posible nuestra supervivencia. La consciencia dio sentido a esa supervivencia. Pero fue su simbiosis la que hizo posible la civilización”.
“Los valores bajo los que se sustenta nuestra sociedad nacen del materialismo puro. El pragmatismo y los intereses materiales son la única y fundamental ambición en torno a lo cual todo gira. Las imperfecciones en el comportamiento y las pautas del ser humano son la consecuencia extrema de asociar hedonismo y materialismo y esto es lo que analiza esta serie de obras.”