Argumentation und begründete Erklärung des Ursprungs des Werkes:
Desde muy jóvenes comenzamos a construir un proyecto de vida. Estudiamos, trabajamos, ahorramos, formamos una familia, levantamos un hogar o perseguimos un sueño profesional. Todo parece responder a una planificación cuidadosamente ordenada en la que cada objetivo alcanzado representa un nuevo peldaño hacia una meta final que imaginamos como la culminación de nuestra existencia.
Ese proyecto nos aporta ilusión. Nos da un motivo para levantarnos cada mañana y nos permite soportar el esfuerzo cotidiano porque sentimos que avanzamos hacia algún lugar. En realidad, pocas cosas resultan tan poderosas como tener un horizonte al que dirigir nuestros pasos.
Sin embargo, la vida posee una velocidad que rara vez somos capaces de percibir mientras la estamos viviendo. Los años se suceden casi sin advertirlo y aquellas metas que parecían lejanas van cayendo una tras otra hasta que, un día, descubrimos que el proyecto que ocupó gran parte de nuestra existencia está prácticamente concluido. Es precisamente entonces cuando aparece una pregunta incómoda: ¿en qué momento pasó la vida?
Mirando hacia atrás comprendemos que, mientras perseguíamos una única dirección, dejamos de recorrer muchos otros caminos que también podían habernos enriquecido. Personas que no conocimos, lugares que nunca visitamos, aficiones que jamás desarrollamos, inquietudes que quedaron aparcadas y oportunidades que simplemente dejamos escapar porque no encajaban dentro del plan que habíamos diseñado.
La mayor parte de esas renuncias fueron voluntarias. Ninguna vida puede abarcarlo todo. Elegir un camino implica abandonar otros muchos. El problema aparece cuando confundimos nuestro proyecto con nuestra propia existencia y terminamos viviendo únicamente para cumplir un itinerario previamente establecido.
Quizá la verdadera sabiduría no consista en renunciar a tener un proyecto de vida, sino en comprender que ese proyecto debe permanecer siempre abierto a la posibilidad de cambiar. La planificación debería ser una brújula, nunca una prisión. Los horizontes sirven para orientarnos, pero no para impedirnos descubrir los paisajes que aparecen a ambos lados del camino.
Al final comprendemos que la vida no se mide únicamente por los objetivos alcanzados, sino también por la capacidad que tuvimos para dejarnos sorprender por aquello que nunca habíamos previsto. Porque, en muchas ocasiones, los momentos más valiosos no fueron los que estaban escritos en nuestro plan, sino aquellos que aparecieron de forma inesperada mientras caminábamos hacia él.
Quizá esa sea una de las grandes lecciones del tiempo: necesitamos un rumbo para no perdernos, pero también la suficiente libertad para aceptar que la vida siempre es mucho más grande que cualquier planificación que podamos imaginar.
“Los valores bajo los que se sustenta nuestra sociedad nacen del materialismo puro. El pragmatismo y los intereses materiales son la única y fundamental ambición en torno a lo cual todo gira. Las imperfecciones en el comportamiento y las pautas del ser humano son la consecuencia extrema de asociar hedonismo y materialismo y esto es lo que analiza esta serie de obras.”