Argumentation und begründete Erklärung des Ursprungs des Werkes:
Una de las mayores singularidades de la humanidad es que somos, probablemente, la única especie que mantiene una conversación permanente con quienes ya no existen mientras trabaja silenciosamente para quienes aún no han llegado. Y quizá sea precisamente esa conversación de doble dirección la que explica el crecimiento exponencial de la civilización humana. Vivimos rodeados de personas ausentes que, de algún modo, siguen participando en nuestra vida cotidiana.
Todo cuanto hacemos está impregnado de esa cooperación invisible. Aprendemos un idioma que jamás inventamos. Utilizamos conceptos matemáticos descubiertos por personas que desaparecieron hace siglos. Cruzamos puentes que nunca construimos, habitamos ciudades cuyo origen es anterior a nuestro nacimiento y nos beneficiamos de conocimientos científicos, avances médicos, inventos, leyes y manifestaciones artísticas concebidos por hombres y mujeres que jamás llegaremos a conocer.
Nuestra vida es posible gracias al trabajo silencioso de millones de personas cuyos nombres, en la mayoría de los casos, han sido olvidados. Sin embargo, sus ideas permanecen extraordinariamente vivas. En cierto modo, los muertos siguen trabajando. No lo hacen con sus manos, sino con las consecuencias de su inteligencia. La humanidad ha logrado algo que ninguna otra especie parece haber alcanzado: convertir el conocimiento en un patrimonio acumulativo donde cada generación no empieza desde cero, sino desde el punto al que logró llegar la anterior.
Quizá por eso el progreso humano no avanza de manera lineal, sino exponencial. Cada generación recibe una inmensa biblioteca de experiencias, errores, descubrimientos y soluciones sobre la que puede seguir construyendo. Somos la primera especie cuya memoria colectiva crece mucho más deprisa que su evolución biológica. Pero la grandeza del ser humano no termina ahí.
Del mismo modo que vivimos gracias a quienes nos precedieron, también somos capaces de trabajar para quienes todavía no existen. Plantamos árboles cuya sombra jamás disfrutaremos. Construimos infraestructuras que requerirán décadas para completarse. Protegemos ecosistemas pensando en personas que nunca conoceremos. Educamos a nuestros hijos para un mundo que quizá nosotros ya no veremos. Investigamos, ahorramos, escribimos y creamos confiando en que alguien recogerá el fruto de nuestros esfuerzos.
Somos la única especie conocida que coopera con dos mundos ausentes al mismo tiempo: el de quienes ya murieron y el de quienes aún no han nacido. Vivimos, por tanto, suspendidos entre dos dimensiones del tiempo. Recibimos una herencia del pasado mientras construimos otra para el futuro. Somos el eslabón consciente de una cadena que comenzó mucho antes de nosotros y que continuará cuando hayamos desaparecido.
La inteligencia humana no reside únicamente en los cráneos individuales; reside, sobre todo, en la transmisión. Somos terminales de una inmensa red cuyos nodos principales llevan siglos enterrados. Cada conversación, cada palabra y cada idea que pronunciamos contiene fragmentos del pensamiento de innumerables personas que vivieron antes que nosotros.
Quizá la soledad, entendida en sentido absoluto, no exista realmente. Nadie que piense, hable o escriba está completamente solo. Cada frase que pronunciamos es un préstamo recibido de quienes nos precedieron y, al mismo tiempo, un posible legado para quienes vendrán después. Y quizá esa sea la razón más profunda para sentir orgullo de pertenecer a la humanidad. No porque seamos la especie más fuerte, ni la más rápida, ni siquiera la más inteligente. Sino porque somos la única que ha conseguido que los muertos sigan construyendo el mundo de los vivos y que los vivos dediquen parte de su existencia a mejorar el mundo de quienes todavía no han nacido. Esa cooperación silenciosa a través del tiempo constituye, probablemente, la obra más extraordinaria que jamás ha creado nuestra especie.
“Los valores bajo los que se sustenta nuestra sociedad nacen del materialismo puro. El pragmatismo y los intereses materiales son la única y fundamental ambición en torno a lo cual todo gira. Las imperfecciones en el comportamiento y las pautas del ser humano son la consecuencia extrema de asociar hedonismo y materialismo y esto es lo que analiza esta serie de obras.”