Argumentation und begründete Erklärung des Ursprungs des Werkes:
La humanidad continúa existiendo porque, en su conjunto, la balanza que rige todo pensamiento todavía se inclina ligeramente hacia la sensatez. No porque todos resultemos ser sensatos, ni porque las leyes sean lo suficientemente eficientes como para contener nuestros errores, aún tampoco porque exista una justicia superior que corrija aquello que nosotros somos incapaces de corregir. La humanidad permanece en pie hasta hoy, porque la sensatez sigue prevaleciendo sobre la irracionalidad. Ahora ¿que es eso que se considera como la sensatez y qué se puede hacer para preservarla si resulta tan imprescindible?
No consiste en tener siempre razón, tampoco en poseer una inteligencia extraordinaria o en defender una determinada ideología. Existen personas muy inteligentes capaces de tomar decisiones profundamente insensatas, del mismo modo que he encontrado una enorme prudencia y sentido común en personas de formación mucho más modesta. La sensatez podría acercarse más bien, al acto de conservar la capacidad de pensar antes de actuar, de medir las consecuencias de nuestros actos, de reconocer nuestros propios límites y de aceptar que podemos estar equivocados. Es sin duda una forma de equilibrio interior que nos permite no convertir cada impulso en una decisión. Sin embargo la sensatez no es por mucho, una cualidad permanente, nadie es completamente sensato ni completamente irracional.
En un momento u otro, todos transitamos entre ambos estados a lo largo de nuestra vida. Incluso una misma persona puede actuar con admirable prudencia en determinadas circunstancias y, sin embargo, dejarse arrastrar por la ira, el miedo, el orgullo o la desesperación en otras y quizá ese sea uno de los rasgos más humanos de nuestra naturaleza, que la sensatez nunca está definitivamente conquistada.
Pero ¿Qué alimenta en realidad la sensatez? A ello no se le puede dar una respuesta sencilla pues probablemente intervengan entre otros, factores como la educación recibida, el ejemplo familiar, las experiencias vividas, la reflexión personal, la capacidad de escuchar, la empatía e incluso el entorno social en el que cada individuo desarrolla su vida. Pero si lo estudiamos detenidamente, esos mismos factores también pueden actuar en sentido contrario. El miedo puede debilitar la sensatez, la manipulación puede deformarla, el fanatismo puede sustituirla, la presión del grupo puede silenciarla e incluso el resentimiento, puede llegar a justificar aquello que, en otro momento de nuestra vida, habríamos considerado inadmisible.
Todo ello significa que la sensatez no solo debe cultivarse; también debe protegerse porque es extraordinariamente valiosa al igual que extraordinariamente frágil. Puede que la verdadera responsabilidad de una sociedad no consista únicamente en transmitir conocimientos o desarrollar tecnología, sino en crear las condiciones para que la sensatez pueda fortalecerse, recuperarse cuando se pierde y seguir ocupando el lugar que le corresponde.
Existe, además, una pregunta decisiva para la que no se encuentra una respuesta definitiva. ¿Por qué algunas personas consiguen recuperar la sensatez después de haber actuado de manera irracional, mientras que otras permanecen atrapadas en esa irracionalidad durante años o incluso durante toda una vida? Ignoramos la respuesta, pero es de sospechar que de ella depende buena parte del futuro de nuestra especie.
No deberíamos de depositar demasiada confianza en que la justicia humana alcance siempre a quien actúa de manera irresponsable, tampoco esperar que una justicia divina intervenga para corregir nuestros errores, lo que resulta mucho más certero sería depositar la esperanza en algo mucho más humilde y, quizá por ello, mucho más decisivo y es en que la humanidad sea capaz de conservar ese delicado equilibrio que hace prevalecer la sensatez sobre la irracionalidad.
Porque tal vez nuestra supervivencia nunca haya dependido exclusivamente de la fuerza, del conocimiento o del progreso. Tal vez siempre haya dependido de esa lucha silenciosa que cada ser humano libra consigo mismo cada día. Y mientras esa balanza continúe inclinándose, aunque solo sea ligeramente, hacia la sensatez, todavía existirá una razón para mantener la esperanza.
Tan sólo podemos depositar nuestra esperanza hacia el futuro, en que la sensatez continúe siendo mayoritaria, porque el día en que deje de serlo, ninguna ley ni ninguna creencia bastarán para sostener aquello que nosotros mismos habremos dejado de proteger.
“Los valores bajo los que se sustenta nuestra sociedad nacen del materialismo puro. El pragmatismo y los intereses materiales son la única y fundamental ambición en torno a lo cual todo gira. Las imperfecciones en el comportamiento y las pautas del ser humano son la consecuencia extrema de asociar hedonismo y materialismo y esto es lo que analiza esta serie de obras.”