Fondement dialectique et raisonné origine de l'oeuvre
El debate sobre la existencia del tiempo sitúa al ser humano en un territorio fronterizo entre el conocimiento científico y la experiencia vivida. Algunos científicos sostienen que el tiempo, tal como lo concebimos, no existe como una entidad objetiva del universo, sino como una consecuencia de ciertos modelos matemáticos o de nuestra percepción limitada de la realidad. Sin embargo, incluso si esta afirmación fuese cierta, el ser humano no puede prescindir del tiempo. Necesita una referencia que establezca un antes y un después para ordenar su mundo, su pensamiento y sus acciones. El tiempo, por tanto, se convierte en un pilar estructural de la vida humana, independientemente de su estatus ontológico.
Desde una perspectiva filosófica, el tiempo puede entenderse como una construcción simbólica. No es algo que se pueda tocar o poseer, sino una herramienta conceptual que permite organizar la experiencia. A través del tiempo damos coherencia a los acontecimientos, los vinculamos en secuencias causales y dotamos a la realidad de una continuidad comprensible. Sin esta construcción, el mundo se presentaría como una acumulación caótica de instantes sin relación entre sí. El tiempo no sería entonces una sustancia del universo, sino un lenguaje creado por la mente para interpretar el cambio.
Pero el tiempo no es solo una convención intelectual: es una necesidad vital. La conciencia humana se articula a partir de la memoria y la expectativa. Recordamos lo vivido, anticipamos lo que vendrá y actuamos en función de esa tensión constante entre pasado y futuro. Sin esta estructura temporal, la experiencia perdería profundidad y sentido. No habría aprendizaje, ni proyecto, ni identidad personal. El ser humano dejaría de ser un sujeto histórico para convertirse en una presencia puramente instantánea, privada de continuidad y de relato.
Aquí surge un contraste esencial entre la mirada de la física y la de la existencia. La física puede cuestionar la realidad objetiva del tiempo, pero no puede negar su realidad experiencial. El paso del tiempo se manifiesta en el envejecimiento del cuerpo, en la transformación de las emociones, en la espera, en la pérdida y en la nostalgia. Aunque el tiempo fuese una ilusión desde un punto de vista absoluto, sería una ilusión estructurante, una dimensión subjetiva sin la cual la conciencia humana no podría sostenerse ni reconocerse a sí misma.
De todo ello se desprende una reflexión fundamental: lo real no siempre coincide con lo objetivamente demostrable. Hay realidades que existen porque son necesarias para la vida, no porque puedan ser medidas o verificadas de manera absoluta. El tiempo pertenece a esta categoría. No necesita existir como entidad física independiente para ser real en nuestra experiencia. Basta con que haga posible el sentido, la orientación y la continuidad de la vida humana.
Así, el tiempo puede entenderse como la más imprescindible de las ficciones humanas: una invención que no falsea la realidad, sino que la hace habitable. En esa aparente paradoja reside su grandeza: aunque quizá no exista en el universo, existe plenamente en nosotros, y es ahí donde adquiere su verdadero significado.
"”Ciencia y Tecnología” es parte del título de una serie secuencial de obras que hacen referencia a aquellos logros y descubrimientos científicos o tecnológicos que le han permitido al ser humano obtener un salto cualitativo y cuantitativo en su desarrollo.”