Argumentation et fondement raisonné de l'origine de l'œuvre :
Vivimos convencidos de que la realidad es aquello que percibimos. Sin embargo, lo que verdaderamente experimentamos no es el ente, sino la interpretación que nuestra mente realiza de él. Entre ambos existe una distancia invisible que determina gran parte de nuestra manera de pensar, de actuar y, en última instancia, de comprender el mundo.
El ente representa aquello que existe con independencia de nuestra voluntad: los hechos, la materia, las circunstancias y la realidad compartida. La mente, en cambio, constituye el espacio donde esa realidad es interpretada, organizada y dotada de significado. Ningún ser humano contempla el mundo de forma completamente objetiva; todos lo hacemos a través del filtro de nuestra experiencia, de nuestras emociones y de nuestras creencias.
La cordura podría definirse como el estado de equilibrio en el que la mente acepta y procesa el ente sin deformarlo de manera extrema. No significa percibir la realidad con absoluta perfección, algo probablemente imposible, sino conservar la suficiente congruencia para que nuestras interpretaciones permanezcan razonablemente conectadas con aquello que realmente existe. En ese equilibrio aparecen la sensatez, el buen juicio y la capacidad de convivir con la incertidumbre.
La locura, por el contrario, no comienza necesariamente con un trastorno evidente. Puede iniciarse mucho antes, cuando la mente deja de utilizar la realidad como referencia y empieza a utilizarse únicamente a sí misma. La interpretación se emancipa del ente hasta divorciarse por completo de la realidad compartida. Entonces se construye un universo propio donde las ideas ya no buscan ser verificadas, sino únicamente confirmadas. Cuanto más cerrado es ese universo, más difícil resulta reconocer el error y más fácil es convertir las convicciones en verdades incuestionables.
La historia demuestra que este fenómeno no pertenece únicamente al ámbito individual. También existen formas de locura colectiva. Sociedades enteras han llegado a considerar razonables ideas que hoy resultan incomprensibles. No porque el ente hubiese cambiado, sino porque la mente colectiva dejó de contrastar sus propias interpretaciones con la realidad. Cuando una creencia deja de admitir la posibilidad de ser corregida, comienza a sustituir al propio mundo que pretende explicar.
Frente a ese riesgo existe una herramienta extraordinariamente sencilla y, al mismo tiempo, profundamente difícil de ejercer: la duda consciente. Cuestionar nuestras propias percepciones no es un síntoma de debilidad intelectual, sino una de las expresiones más elevadas de la sensatez. Preguntarse si una interpretación puede estar equivocada constituye el mecanismo que mantiene viva la relación entre el ente y la mente. La duda no destruye el conocimiento; lo depura. No debilita la razón; la protege de convertirse en dogma.
Puede que la verdadera diferencia entre la cordura y la locura no resida en la inteligencia, ni siquiera en la cantidad de conocimientos que una persona posea. Resida, más bien, en la disposición permanente a permitir que la realidad siga corrigiendo nuestras interpretaciones. Mientras el ente conserve la capacidad de dialogar con la mente, existirá la posibilidad de aprender, rectificar y comprender mejor el mundo. Pero cuando la mente deja de escuchar al ente y únicamente escucha el eco de sus propias certezas, comienza un aislamiento silencioso que puede afectar tanto a un individuo como a una sociedad entera.
Tal vez la cordura no sea la posesión definitiva de la verdad. Tal vez sea, sencillamente, la humildad de reconocer que ninguna mente debería sentirse nunca superior a la realidad que intenta comprender.
"”Ciencia y Tecnología” es parte del título de una serie secuencial de obras que hacen referencia a aquellos logros y descubrimientos científicos o tecnológicos que le han permitido al ser humano obtener un salto cualitativo y cuantitativo en su desarrollo.”