Argumentation et fondement raisonné de l'origine de l'œuvre :
Nacemos en una sociedad donde casi todo parece haber sido diseñado para un único propósito: consumir. Desde nuestra infancia aprendemos a desear objetos antes incluso de comprender su utilidad. Los escaparates, la publicidad, las redes sociales, la televisión y el propio diseño de los productos forman parte de un inmenso lenguaje visual destinado a despertar un deseo permanente. Nada se deja al azar.
Los colores se estudian para estimular nuestras emociones. Las formas se suavizan o se exageran para resultar irresistibles. Los envases se convierten en auténticas obras de seducción visual. Incluso el sonido de un anuncio, la textura de un envoltorio o el aroma de un establecimiento comercial responden a estrategias cuidadosamente planificadas para influir sobre nuestra decisión de compra. Consumimos mucho antes de pensar.
El mercado ha comprendido que vender un producto ya no consiste únicamente en ofrecer una utilidad. Lo verdaderamente rentable es vender una experiencia, una identidad o una promesa de felicidad. Dejamos entonces de comprar aquello que necesitamos para empezar a adquirir aquello que creemos que nos representa. Poco a poco dejamos de ser ciudadanos para convertirnos en consumidores.
Y una vez que el consumo ocupa el centro de nuestra vida, todo el sistema comienza a girar alrededor de él. Trabajamos para obtener dinero; el dinero sirve para comprar; y compramos para mantener un modelo económico que necesita que el consumo nunca se detenga. El crecimiento económico ya no depende de producir mejor, sino de vender más, aunque para ello sea necesario reducir la vida útil de los productos, crear nuevas necesidades o convertir la moda en una sucesión infinita de novedades. La obsolescencia deja de ser un accidente para convertirse en una estrategia.
Los objetos duran menos porque el mercado necesita que los sustituyamos antes de tiempo. No siempre se rompe el producto; muchas veces envejece nuestra percepción de él. Un teléfono perfectamente funcional parece antiguo cuando aparece el siguiente modelo. Una prenda deja de gustarnos porque ha cambiado la tendencia. Un automóvil parece insuficiente porque otro incorpora una pantalla más grande o una línea más moderna. El deseo se renueva mucho más deprisa que la necesidad.
Sin embargo, cada objeto adquirido deja tras de sí una larga huella invisible. Materias primas extraídas de la naturaleza, enormes consumos energéticos, procesos industriales, transporte, embalajes, plásticos, emisiones contaminantes y, finalmente, residuos que terminarán acumulándose en vertederos o dispersándose por el planeta. Cada compra genera una historia que rara vez vemos.
La basura que depositamos en nuestros hogares representa únicamente el último capítulo de una cadena de desperdicio mucho más extensa. Antes de llegar a nuestras manos, un producto ya ha producido toneladas de residuos industriales, emisiones y consumo de recursos naturales que permanecen ocultos para el consumidor. Consumimos el objeto, pero también consumimos el planeta.
Paradójicamente, cuanto mayor es nuestra capacidad para producir bienes, mayor parece ser nuestra dificultad para sentirnos satisfechos con ellos. El mercado necesita mantener vivo el deseo permanente porque una sociedad plenamente satisfecha consumiría mucho menos.
Quizá esa sea la mayor paradoja de nuestro tiempo: nunca hemos tenido tanto y, sin embargo, nunca hemos sentido que fuera suficiente. No somos individuos especialmente codiciosos por naturaleza. Hemos aprendido a vivir dentro de un sistema que necesita convertir el consumo en una costumbre cotidiana y la insatisfacción en el motor que mantiene en marcha toda la economía. Vivimos rodeados de objetos, pero muchas veces terminamos siendo nosotros quienes acabamos formando parte del inventario del mercado.
Tal vez haya llegado el momento de preguntarnos si todavía consumimos para vivir o si, silenciosamente, hemos terminado viviendo únicamente para consumir.
“Los valores bajo los que se sustenta nuestra sociedad nacen del materialismo puro. El pragmatismo y los intereses materiales son la única y fundamental ambición en torno a lo cual todo gira. Las imperfecciones en el comportamiento y las pautas del ser humano son la consecuencia extrema de asociar hedonismo y materialismo y esto es lo que analiza esta serie de obras.”