Argumentation et fondement raisonné de l'origine de l'œuvre :
Otro mundo es posible cuando la ética y la moral dejen de ser discursos secundarios y se conviertan, con verdadera sinceridad, en el principal referente de nuestras decisiones, por encima de cualquier frontera física, ideológica o cultural.
Un mundo en el que el poder y el dinero dejen de ocupar el lugar de los valores supremos. Un mundo donde el respeto, la dignidad de la persona y la responsabilidad hacia los demás constituyan el verdadero patrimonio común de la humanidad.
No necesitamos buscar otros planetas en los que comenzar de nuevo. El mundo que habitamos ya posee una riqueza extraordinaria. Quizá lo único que nos falta sea aprender a reorganizarlo y gestionarlo con mayor inteligencia, mayor sensibilidad y una comprensión más profunda de nuestra condición compartida.
Empatizar con quienes nos rodean y desprendernos de buena parte del egoísmo que aún condiciona nuestras decisiones resulta imprescindible. La auténtica transformación comienza cuando dejamos de construir nuestra identidad sobre aquello que nos separa y empezamos a fortalecer aquello que nos une.
Las diferencias siempre existirán. Existen distintas culturas, distintas creencias, distintas formas de comprender la vida y distintas sensibilidades políticas. No es necesario renunciar a ellas. Una sociedad madura no exige uniformidad; exige respeto. Podemos conservar nuestras convicciones y, al mismo tiempo, reconocer que ninguna de ellas posee más valor que la dignidad del ser humano.
El problema comienza cuando las ideologías, las identidades o cualquier forma de pertenencia dejan de ser instrumentos para comprender la realidad y pasan a convertirse en el objetivo mismo. Entonces, lo accesorio sustituye a lo esencial, y aquello que debería servir para construir termina convirtiéndose en motivo de confrontación.
Las religiones no fueron creadas por Dios; nacieron del intento del ser humano por comprenderlo y acercarse a Él. Las ideologías tampoco son un destino, sino construcciones humanas destinadas a organizar la convivencia. Ambas pueden aportar sentido cuando permanecen al servicio de las personas, pero pierden su razón de ser cuando exigen que las personas se pongan al servicio de ellas.
Tal vez el verdadero progreso no consista en inventar un mundo nuevo, sino en recordar que, antes de cualquier bandera, cualquier doctrina o cualquier frontera, todos compartimos la misma condición humana. Y quizá sea precisamente ahí donde comienza la posibilidad real de construir un mundo mejor.
Quizá la mayor deformación que han sufrido tanto las religiones como las ideologías no resida en sus principios originales, sino en la facilidad con la que pueden ser apropiadas por quienes buscan el poder antes que la verdad. Cuando una idea deja de invitar a la reflexión para exigir obediencia, comienza su decadencia. Ninguna creencia ni ninguna doctrina deberían convertirse en un manual de radicalización, porque en ese mismo instante dejan de servir al ser humano para empezar a servirse de él.
“Los valores bajo los que se sustenta nuestra sociedad nacen del materialismo puro. El pragmatismo y los intereses materiales son la única y fundamental ambición en torno a lo cual todo gira. Las imperfecciones en el comportamiento y las pautas del ser humano son la consecuencia extrema de asociar hedonismo y materialismo y esto es lo que analiza esta serie de obras.”