Argumentation und begründete Erklärung des Ursprungs des Werkes:
La obra establece un diálogo consciente con la serie Los girasoles de Vincent van Gogh, no desde la voluntad de reproducirla íntegramente, sino desde una estrategia de apropiación fragmentaria e integración simbiótica. El referente histórico no se presenta como totalidad, sino como vestigio concentrado en un punto específico de la composición: la zona superior izquierda, donde se reconoce una condensación cromática que sugiere la presencia de uno de los girasoles originales.
Este núcleo funciona como memoria visual dentro de un campo plástico que tiende a la disolución formal. El motivo floral no aparece descrito con precisión figurativa, sino insinuado mediante una intensificación del amarillo y del ocre que remite al espíritu cromático del original. De este modo, la figuración se reduce a huella, a resto reconocible que se integra en una estructura más amplia y contemporánea.
La composición general renuncia a la organización centrípeta característica de la obra de referencia y opta por una disposición expansiva y descentralizada. La energía visual no se concentra en un ramo claramente delimitado, sino que se dispersa en una superficie estratificada donde capas, arrastres y veladuras configuran una textura densa y erosionada.
Especial relevancia adquieren las líneas blancas que atraviesan la obra. Lejos de ser simples gestos abstractos, algunas de ellas pueden interpretarse como una alusión estructural a los tallos de los girasoles originales. Sin embargo, estos “tallos” no sostienen flores definidas; sostienen memoria. Funcionan como ejes verticales que conectan el fragmento figurativo con el resto del campo pictórico, articulando una anatomía transformada.
Este procedimiento desplaza la obra del terreno de la reinterpretación iconográfica al de la metabolización estética. El pasado no se reproduce: se injerta. El fragmento histórico es absorbido por un sistema plástico propio que lo atraviesa, lo contamina y lo reconfigura. La intervención matérico-procesual —visible en las superposiciones y en la erosión de la superficie— enfatiza la temporalidad del gesto y la imposibilidad de retornar intactos a los modelos del pasado.
Desde esta perspectiva, la pieza demuestra que la tradición puede operar como materia activa dentro de un lenguaje contemporáneo sin que ello implique subordinación estilística. La identidad formal no se diluye en la cita, sino que la cita queda integrada en una estructura dominante que la transforma.
En conclusión, la obra no pretende reconstruir Los girasoles, sino examinar la persistencia de su energía cromática y estructural a través de un proceso de simbiosis plástica. El resultado es una configuración híbrida donde la memoria histórica y la intervención contemporánea coexisten en tensión dinámica, evidenciando que el diálogo con el pasado puede sostenerse sin renunciar a la autonomía creativa.
“Sine Qua Non”, expresión latina que significa “sin la cual no”, da título a una serie de trabajos de inspiración clásica que reinterpreta obras de grandes artistas cuya influencia ha sido determinante en la formación y evolución del autor. Como sugiere el título, estas referencias constituyen condición indispensable y fundamento estructural en la historia del arte. La serie no persigue la copia ni el símil literal de las obras originales —ni siquiera en su totalidad— sino de una lectura renovada: una síntesis abstracta adaptada a la sensibilidad y a los planteamientos estéticos contemporáneos, que dialoga con el legado sin quedar subordinada a él".