Argumentación y fundamento razonado origen de la obra:
Corazón de único latido que hace multiplicar por millones sus réplicas, faro de singularidad en un universo de ecos repetidos, llama que arde sin duplicados, fuego que no se dispersa en mil brasas sino que concentra toda su luz en un solo instante de existencia. Cada pulsación es un poema que se escribe en silencio, una vibración que no admite copia ni espejo; cada latido es un mundo entero que se abre y se cierra en un suspiro. En su fragilidad reside la belleza más absoluta, pues lo efímero se vuelve eterno cuando se siente en la plenitud de un único momento.
No hay espacio para la rutina ni para la indiferencia: cada estremecimiento del corazón es un recordatorio de que la vida se juega en la intensidad de lo irrepetible. En ese latido se condensa la totalidad de los afectos, la devoción que no se divide, la pasión que no se diluye, la entrega que se vuelve absoluta. Es un corazón que ama con una fidelidad que desafía al tiempo, que se ofrece sin reservas, que se hace uno con lo amado y con lo que ama. Al mismo tiempo, es un corazón que contempla la eternidad, que reconoce la finitud de cada ser y convierte esa conciencia en un hálito de plenitud. Cada vibración resuena como un eco de misticismo, un hilo invisible que conecta lo visible con lo intangible, lo humano con lo trascendente, el instante con la eternidad.
Corazón de único latido, testigo de que la singularidad no es una excepción sino una fuerza que nos llama a reconocer la magnitud de lo individual, a celebrar la energía concentrada de lo que somos y lo que sentimos. Es más que una víscera, algo que no teme la soledad porque sabe que en su latido reside la totalidad de su verdad; que no teme la fragilidad porque en ella se descubre la fuerza de su propia esencia; que no teme la intensidad porque cada pulsación es suficiente para abarcar el mundo entero. Y en esa plenitud silenciosa, el corazón de único latido se convierte en faro y espejo, en refugio y en llama, en memoria y en esperanza, en amor y en devoción, en frágil belleza y en infinito. Todo lo que pulsa en él es absoluto, y sin embargo, no hay peso ni carga: solo la ligereza de saberse irrepetible, única, intensa, indispensable.
Cada latido es un universo que se expande y se contrae, un gesto de creación que no requiere manos ni palabras, un acto de vida que solo el corazón sabe pronunciar. En él, cada emoción se concentra, cada pensamiento se cristaliza, cada instante se vuelve un reflejo de la totalidad, y el corazón se convierte en un templo donde todo lo que es y todo lo que puede ser se funden en una sola vibración. Es una razón que no se divide, que no se dispersa, que no se mide con relojes ni calendarios, sino que late con la urgencia de lo necesario, con la precisión de lo inevitable, con la belleza de lo irrevocable. Es el latido de lo absoluto, el latido que no se repite y que contiene en sí la eternidad de lo que somos y la plenitud de lo que podemos sentir.
“Quietud y Flema” es parte del título de una serie secuencial de obras que son una pretendida apuesta por romper con el global de la obra de este autor, en su conjunto dinámica, incesante y de una agitación extrema, tal y como no podía ser de otra manera tratándose de un fiel reflejo del imperante modo de vida en el que se desenvuelve. Un remanso de paz en el que parece reconciliarse con el resto de la humanidad."