Argumentación y fundamento razonado origen de la obra:
El individuo actual no solo convive con sus propios problemas inmediatos, sino que ha ampliado de forma progresiva el perímetro de su preocupación hasta incorporar realidades ajenas, distantes y, en muchos casos, inabarcables. Este fenómeno no es anecdótico ni superficial. Es una transformación profunda de la percepción del mundo y de la manera en que el sujeto se relaciona con él. La globalización, la hiperconectividad y el acceso inmediato a información constante han generado un estado de exposición permanente que altera la capacidad de descanso mental. El individuo ya no descansa del mundo cuando termina su jornada; el mundo continúa dentro de él.
En etapas históricas anteriores, la esfera de preocupación del ser humano estaba delimitada por su entorno inmediato: la supervivencia, la comunidad, el trabajo físico o local. Esa limitación no implicaba ausencia de problemas, sino una contención natural del estrés dentro de un radio vital asumible. En la actualidad, ese radio se ha dilatado de forma artificial. El individuo asume como propios conflictos globales que no puede resolver, pero que sí puede contemplar de forma constante. Este fenómeno genera una paradoja: la ampliación del conocimiento no produce necesariamente mayor control, sino mayor vulnerabilidad. Saber más no equivale a poder más. En muchos casos, significa sentir más sin capacidad de intervención.
Igualmente plantea una distinción implícita entre dos tipos de desgaste: el físico y el psíquico. El primero, ligado históricamente al trabajo manual y a la actividad corporal, produce un cansancio resoluble mediante el descanso. El segundo, en cambio, se caracteriza por su persistencia invisible. El agotamiento mental contemporáneo no siempre se traduce en acción ni en reposo efectivo. Se convierte en un estado de alerta continuo, una forma de vigilia emocional donde el individuo permanece expuesto a estímulos que no cesan. El resultado es una alteración de la percepción del riesgo. El sujeto deja de distinguir entre amenaza real e información potencialmente amenazante. Todo puede ocurrir en cualquier momento. Todo puede afectarle directamente. Esta lógica disuelve la frontera entre lo propio y lo ajeno.
Uno de los puntos más delicados que aborda esta obra es la transformación de la empatía en sobrecarga. La exposición constante al sufrimiento ajeno genera un fenómeno de absorción emocional que, lejos de humanizar al individuo, puede desestabilizarlo. La empatía deja de ser una conexión consciente para convertirse en una saturación involuntaria. Este exceso no se traduce en acción efectiva, sino en una sensación difusa de responsabilidad permanente. El sujeto siente que debe reaccionar ante todo, aunque no tenga herramientas ni capacidad real para hacerlo. Esa disonancia es uno de los núcleos del malestar contemporáneo.
Esta obra no debe interpretarse como una huida ingenua, sino como una decisión consciente de distancia. “Poner tierra de por medio” implica establecer un espacio intermedio entre el sujeto y la totalidad del mundo, no para negarlo, sino para poder procesarlo.
“Los valores bajo los que se sustenta nuestra sociedad nacen del materialismo puro. El pragmatismo y los intereses materiales son la única y fundamental ambición en torno a lo cual todo gira. Las imperfecciones en el comportamiento y las pautas del ser humano son la consecuencia extrema de asociar hedonismo y materialismo y esto es lo que analiza esta serie de obras.”