Argumentación y fundamento razonado origen de la obra:
A menudo surge la necesidad de tomar distancia de la humanidad como un acto de legítima supervivencia mental. No se trata de huir del mundo, sino de protegerse de él. La saturación de discursos vacíos, de gestos impostados y de una violencia cada vez más normalizada genera una forma silenciosa de vergüenza ajena: la de reconocerse perteneciente a una especie que presume de conciencia mientras practica el abuso con naturalidad.
Cuanto más se observa, más se diluye la frontera que supuestamente separa al ser humano del instinto primario. Bajo la pátina de civilización, los vestigios de salvajismo siguen intactos, e incluso perfeccionados. La crueldad ya no es impulsiva; es estratégica. La traición no es accidental; es rentable. Y en ese escenario, la duda se vuelve inevitable: ¿dónde reside hoy la verdadera seguridad?, ¿en un círculo de personas o entre animales domesticados, cuyo comportamiento resulta, paradójicamente, más previsible y honesto?
El progreso histórico, tantas veces celebrado, comienza a revelar su reverso incómodo. Los grandes hitos, las conquistas técnicas y los avances científicos no parecen haber reducido el sufrimiento, sino haberlo sofisticado. La altanería que acompaña a cada logro convive con un cinismo creciente, como si el éxito colectivo justificara cualquier forma de violencia moral, social o física.
Resulta entonces difícil sentirse orgulloso de una herencia que ha normalizado la explotación y ha convertido la deshumanización en un modelo de eficiencia. ¿De qué sirven los triunfos acumulados si han sido incapaces de generar empatía real? ¿Qué valor tienen las cumbres alcanzadas cuando el precio ha sido una erosión constante de la dignidad?
Ignorar todo ello como una anécdota pasajera es imposible cuando la deriva apunta a una intensificación del conflicto, no a su resolución. La conciencia no puede fingir indiferencia sin traicionarse a sí misma. De esa lucidez incómoda nace el desarraigo: una ruptura interna con los valores heredados, un desapego forzado hacia aquello que fue vendido como progreso, pero que hoy se percibe como un simulacro.
El desarraigo no es huida, es diagnóstico. Y también es una forma de resistencia.
“Los valores bajo los que se sustenta nuestra sociedad nacen del materialismo puro. El pragmatismo y los intereses materiales son la única y fundamental ambición en torno a lo cual todo gira. Las imperfecciones en el comportamiento y las pautas del ser humano son la consecuencia extrema de asociar hedonismo y materialismo y esto es lo que analiza esta serie de obras.”