Argumentación y fundamento razonado origen de la obra:
En nuestra vida cotidiana tendemos a dar por sentado que la conciencia y la razón son las dueñas absolutas de nuestra existencia. Sin embargo, si lo pensamos bien, pasamos una tercera parte de nuestra vida durmiendo, una etapa en la que nuestro «Yo» consciente se apaga por completo. Y aunque nuestra mente reflexiva desaparece cada noche, el corazón sigue latiendo, las células se reparan y la vida continúa.
Mucho antes de que el ser humano desarrollara la capacidad de pensar, analizar o proyectar el futuro, el universo y la vida ya funcionaban de forma autónoma. Los seres vivos primitivos no necesitaban conceptos ni teorías racionales para sobrevivir; respondían de manera inmediata a su entorno a través del instinto y de la sensibilidad física.
El nacimiento de la conciencia no fue un salto místico, sino una evolución paulatina: a medida que los sistemas nerviosos se volvieron más complejos, surgió una pequeña «pausa» o intervalo entre los estímulos del entorno y la respuesta del cuerpo. En esa pequeña brecha donde la acción se frena, se creó el espacio para la memoria, la imaginación, el pensamiento abstracto y, finalmente, la sensación de ser un «Yo» observador e independiente.
La mente humana floreció gracias a la suma de varias capacidades integradas: El sentido de la identidad, la capacidad de atribuir nuestras emociones y vivencias a un centro unificado al que llamamos «Yo», la memoria que nos permite conectar el pasado con el presente y construir una historia personal continua, la imaginación y la abstracción: Nos otorgan la facultad de simular escenarios futuros que aún no han ocurrido, resolver problemas complejos y crear lenguaje y cultura., o la inteligencia que surge cuando todas estas capacidades se unen, permitiéndonos analizar situaciones, corregir errores y adaptar nuestro comportamiento de forma flexible.
Aunque la capacidad de razonar y abstraer la realidad es la herramienta más potente de nuestra especie, también conlleva un coste importante. Al objetivar y analizar todo lo que nos rodea, la mente crea la sensación de que el «Yo» está separado del resto del universo. Nos percibimos como espectadores externos de la naturaleza en lugar de reconocernos como parte de ella.
Esta hipertrofia del pensamiento -el exceso de rumiación, la preocupación constante por el futuro y el análisis permanente- nos genera aislamiento y agotamiento psicosomático. A menudo olvidamos que no somos mentes abstractas que flotan por encima de la materia, sino organismos vivos ligados a las leyes de la biología.
Esta obra hace referencia principalmente a la función ontológica y fisiológica del descanso y el sueño. Dormir no es perder el tiempo ni apagar el organismo; es el momento en que el «Yo» egóico abdica de su intento de control y el cuerpo regresa a su dinamismo natural. Durante la noche, la mente deja de dirigir la experiencia y el cuerpo se entrega a la autorregulación biológica sin necesidad de la voluntad. Este repliegue cotidiano nos demuestra que la existencia es mucho más amplia que el pensamiento consciente. El Repostaje Cósmico no consiste en recibir una energía mística, sino en recordar, cada noche, que seguimos integrados en el tejido del universo y que la vida no necesita de nuestra supervisión constante para seguir latiendo
"”Ciencia y Tecnología” es parte del título de una serie secuencial de obras que hacen referencia a aquellos logros y descubrimientos científicos o tecnológicos que le han permitido al ser humano obtener un salto cualitativo y cuantitativo en su desarrollo.”