Argumentación y fundamento razonado origen de la obra:
Hay una pregunta que el ser humano ha intentado responder durante siglos sin atreverse nunca a aceptar del todo su propia respuesta: hasta qué punto hemos dejado de ser animales.
La educación, la cultura y el lenguaje nos han ofrecido la sensación de haber superado aquello que nos condiciona desde el origen. Sin embargo, esa aparente superación podría ser solo una construcción narrativa. Una forma sofisticada de autodefinición que oculta una realidad más incómoda: quizá no hemos abandonado al animal, sino que lo hemos reorganizado.
Existe una hipótesis que incomoda precisamente porque invierte el orden habitual de las cosas: la razón no habría sustituido al instinto, sino que lo habría aprendido a justificar. Bajo esta mirada, el pensamiento racional no sería un sistema autónomo que guía la conducta humana, sino una estructura al servicio de impulsos más antiguos. Deseo, miedo, pertenencia, dominación o supervivencia no desaparecerían bajo la capa cultural; simplemente encontrarían nuevas formas de expresión a través de ella. La razón actuaría entonces como un abogado interno, encargado de construir argumentos coherentes para decisiones que ya han sido tomadas en niveles más profundos de nuestra naturaleza.
La cultura, en este sentido, no elimina el instinto. Lo filtra. Lo traduce. Lo vuelve socialmente aceptable. Pero no lo reemplaza. Esto quiere decir que la historia humana podría entenderse entonces no como una evolución desde lo animal hacia lo racional, sino como una sofisticación progresiva del instinto. El ser humano no habría dejado de competir, desear o temer; simplemente habría aprendido a hacerlo mediante sistemas más complejos: economía, política, religión, tecnología o estructuras sociales. Incluso la idea del “dominio de sí mismo” podría ser revisada desde esta perspectiva. Tal vez no dominamos nuestros impulsos; únicamente hemos aprendido a disfrazarlos con lenguajes más elaborados. La pregunta se vuelve entonces inevitable: ¿qué ocurre cuando ese sistema cultural desaparece o se debilita?
Los casos extremos de aislamiento humano ofrecen una respuesta parcial pero inquietante. Individuos privados de contacto social desde edades tempranas, o expuestos a entornos de supervivencia absoluta, no desarrollan aquello que llamamos comportamiento racional en su forma habitual. Su conducta tiende a reorganizarse en torno a patrones básicos de supervivencia, relación y adaptación. No se trata de una regresión moral, sino de una reorganización funcional: cuando la cultura desaparece, lo instintivo recupera protagonismo. Esto sugiere una idea incómoda: la racionalidad no es un estado natural permanente del ser humano, sino una construcción sostenida. Una estructura que requiere mantenimiento constante. Sin ella, el comportamiento humano no desaparece; simplemente cambia de nivel de organización.
Desde esta perspectiva, el ser humano no sería un animal que ha sido domesticado, sino un animal que ha aprendido a domesticarse a sí mismo mediante sistemas simbólicos cada vez más complejos. Y quizá ahí radique la verdadera clave: la relación entre instinto y razón no es de oposición, sino de convivencia. No existe una victoria de uno sobre el otro. Existe una simbiosis inestable en la que el instinto proporciona la energía y la razón la estructura. Cuando esa relación se equilibra, surge la cultura. Cuando se desajusta, la estructura se vuelve frágil o el impulso se vuelve destructivo.
La idea de una humanidad completamente racional podría ser, en ese sentido, una ficción tan inexacta como la de una humanidad puramente instintiva. Ambas son abstracciones. El ser humano real habita entre ambas, constantemente. Y quizá esa sea la conclusión más incómoda de todas: no hemos dejado de ser animales. Hemos aprendido a pensarnos como si no lo fuéramos.
“Los valores bajo los que se sustenta nuestra sociedad nacen del materialismo puro. El pragmatismo y los intereses materiales son la única y fundamental ambición en torno a lo cual todo gira. Las imperfecciones en el comportamiento y las pautas del ser humano son la consecuencia extrema de asociar hedonismo y materialismo y esto es lo que analiza esta serie de obras.”