Argumentación y fundamento razonado origen de la obra:
¿Qué sucede cuando una inteligencia biológica adquiere herramientas cuyo alcance supera su capacidad para comprender sus consecuencias?
Con la evolución, un simio acabó desarrollando instrumentos capaces de ampliar extraordinariamente sus posibilidades de intervención sobre el mundo. La cerilla representa ese instante en el que una inteligencia descubre que puede hacer algo antes de comprender plenamente todo aquello que ese poder implica. Pero la cerilla deja de ser una simple cerilla cuando la complejidad de aquello que puede desencadenar supera la capacidad de quien la sostiene para anticipar sus consecuencias. Entonces la llama comienza a parecerse más a una antorcha en manos de la imprudencia.
El problema no reside únicamente en el poder adquirido, sino en la inmensidad de aquello que todavía se desconoce. Nuestra capacidad para crear no crece necesariamente al mismo ritmo que nuestra capacidad para comprender aquello que hemos creado. Podemos producir una herramienta y utilizarla antes de conocer todas las relaciones que establece con el mundo, antes de comprender todos sus efectos y, sobre todo, antes de saber qué consecuencias pueden aparecer cuando esa herramienta entra en contacto con otras herramientas, otros sistemas y otras formas de complejidad.
Aquí aparece lo cuántico como una referencia a una realidad que desborda nuestra intuición. No porque la obra pretenda explicar la física cuántica, sino porque lo cuántico introduce una imagen poderosa de aquello que no podemos anticipar simplemente a partir de nuestra experiencia cotidiana. Hay ámbitos de la realidad en los que nuestra capacidad para imaginar las consecuencias de una acción resulta insuficiente. Y cuanto mayor es nuestra capacidad de intervención, mayor puede ser también la distancia entre lo que somos capaces de hacer y lo que somos capaces de prever.
El ser humano, sin embargo, parece condenado a continuar avanzando hacia aquello que desconoce. No puede dejar de investigar las consecuencias de sus propias posibilidades porque solamente investigándolas puede llegar a conocerlas. La paradoja es que algunas de esas consecuencias solo pueden ser descubiertas después de haber utilizado aquello que las provoca. Y entonces el conocimiento deja de ser preventivo para convertirse en consecuencia de la experiencia.
La historia de nuestra especie puede contemplarse, en buena medida, como una sucesión de cerillas. Cada una de ellas ha permitido iluminar una parte de lo desconocido y, al mismo tiempo, ha generado nuevas posibilidades de transformación. Algunas han mejorado nuestra existencia; otras han producido consecuencias que posteriormente hemos tenido que aprender a controlar.
La obra no habla únicamente del peligro del poder. Habla de algo mucho más profundo: de la extraña condición de una inteligencia capaz de ampliar continuamente sus posibilidades sin disponer de una comprensión equivalente de todo aquello que esas posibilidades pueden producir.
Porque el ser humano probablemente no dejará de investigar aquello que desconoce. Seguirá acercándose a la llama, seguirá aumentando su capacidad para intervenir sobre la realidad y seguirá descubriendo las consecuencias de aquello que todavía no comprende. Algunas serán beneficiosas, otras inesperadas y otras podrán resultar catastróficas. Pero incluso después de haber sufrido sus consecuencias, la inteligencia continuará intentando comprenderlas. Y quizá lo verdaderamente inquietante no sea que el simio pueda quemarse con ella, sino que todavía no sepa qué parte del mundo puede llegar a incendiar.
“Los valores bajo los que se sustenta nuestra sociedad nacen del materialismo puro. El pragmatismo y los intereses materiales son la única y fundamental ambición en torno a lo cual todo gira. Las imperfecciones en el comportamiento y las pautas del ser humano son la consecuencia extrema de asociar hedonismo y materialismo y esto es lo que analiza esta serie de obras.”