Dialectic and reasoned foundation, origin of the work:
“Femininquisicionsimo” no es solo un neologismo provocador; es una advertencia conceptual. Nombra un fenómeno contemporáneo que, bajo la apariencia de justicia histórica, comienza a reproducir dinámicas de exclusión, señalamiento y culpa colectiva. La obra no niega la legitimidad del feminismo como movimiento emancipador ni su necesidad histórica, sino que interroga su posible deriva cuando la reivindicación se transforma en inquisición.
En determinadas corrientes actuales se observa una tendencia a esencializar la culpa masculina, no por actos concretos, sino por la mera condición biológica o identitaria del hombre. El varón deja de ser individuo para convertirse en categoría sospechosa. En ese tránsito, la presunción de culpabilidad sustituye al diálogo, y la pedagogía cede su lugar al castigo simbólico. La obra señala ese punto de inflexión: cuando la reparación histórica se convierte en revancha moral.
El señalamiento constante, la vigilancia del gesto, de la palabra o incluso de la intención, genera un clima de indefensión psicológica que erosiona la autoestima y la identidad masculina. No se trata de negar conductas reprobables ni de minimizar abusos reales, sino de cuestionar la generalización que convierte cualquier interacción humana en un potencial delito moral. El miedo sustituye a la naturalidad, y la sospecha desplaza a la confianza.
Esta tensión no solo afecta al individuo, sino al tejido relacional. “Femininquisicionsimo” plantea que la radicalización discursiva puede estar fracturando los vínculos afectivos y la posibilidad de una convivencia sana entre géneros. La pareja, el deseo, el halago y la complicidad se ven contaminados por una narrativa de confrontación permanente, donde el otro deja de ser complemento para convertirse en adversario.
La obra recuerda que la evolución social nunca ha sido fruto del enfrentamiento sistemático, sino de la cooperación y la simbiosis. Hombre y mujer han avanzado históricamente asumiendo roles diversos, no como imposiciones inamovibles, sino como estructuras funcionales que se han ido transformando con el tiempo. La corrección de las injusticias del pasado exige educación, conciencia y equilibrio, no una inversión automática del verdugo y la víctima.
La obra no ataca al feminismo; lo interpela. Advierte del riesgo de repetir los mismos mecanismos de exclusión que se pretenden erradicar. Porque toda causa que renuncia al humanismo y al diálogo termina devorándose a sí misma. La verdadera igualdad no nace del castigo colectivo, sino del reconocimiento mutuo, de la responsabilidad individual y de una ética compartida que permita seguir avanzando juntos.
“Los valores bajo los que se sustenta nuestra sociedad nacen del materialismo puro. El pragmatismo y los intereses materiales son la única y fundamental ambición en torno a lo cual todo gira. Las imperfecciones en el comportamiento y las pautas del ser humano son la consecuencia extrema de asociar hedonismo y materialismo y esto es lo que analiza esta serie de obras.”