Argumentation and reasoned foundation of the work:
El arte de convulsionar nace como una ironía hacia una cultura que ha convertido la identidad en espectáculo permanente. La provocación, antaño gesto rupturista o impulso creativo, se ha transformado en estrategia de visibilidad. En escenarios mediáticos como la “Met Gala” espectáculos a gran escala o cualquier alfombra roja global, la extravagancia se cotiza y el cuerpo se convierte en soporte publicitario de sí mismo. No se compite por la profundidad del trabajo del artista, sino por la intensidad del impacto; no por el pensamiento, sino por el espasmo. La convulsión ya no es accidente, es método. Se ensaya la rareza, se coreografía la excentricidad y se administra la “locura” como herramienta de posicionamiento.
Sin embargo, la cuestión no se detiene en la crítica externa. La obra plantea preguntas inquietantes: ¿cuánto está dispuesto a ceder un individuo para sostener el personaje que le otorga atención? ¿qué queda del sujeto cuando la provocación se vuelve rutina? Cuando la visibilidad se convierte en valor supremo, la coherencia interior corre el riesgo de diluirse. El sujeto puede acabar atrapado en una representación perpetua, actuando incluso fuera del escenario, incapaz de distinguir entre lo que es y lo que proyecta llegando a sobre valorar su propia persona. La sociedad premia el sobresalto constante y penaliza la sobriedad reflexiva; así, cuanto mayor es la extravagancia exhibida, mayor parece la recompensa simbólica y económica. Pero esa aceptación no siempre implica reconocimiento auténtico, sino consumo inmediato. Cuando todo acaba, cuando el personaje pasa de moda, el individuo queda tirado cual marioneta inservible y las consecuencias pueden ser dramáticas.
En la base de ésta obra no se condena la diferencia ni la audacia creativa; se cuestiona su instrumentalización. Señala el instante en que la provocación deja de ser expresión y se convierte en dependencia del aplauso. Y sugiere, con ironía incisiva, que quizá la verdadera radicalidad contemporánea no consista en intensificar el espectáculo, sino en atreverse a sostener una identidad que no necesite convulsionar para existir.
“Los valores bajo los que se sustenta nuestra sociedad nacen del materialismo puro. El pragmatismo y los intereses materiales son la única y fundamental ambición en torno a lo cual todo gira. Las imperfecciones en el comportamiento y las pautas del ser humano son la consecuencia extrema de asociar hedonismo y materialismo y esto es lo que analiza esta serie de obras.”