Argumentation and reasoned foundation of the work:
El eslogan “Flower Power” marcó una era en la que la juventud buscaba transformar el mundo con ideales de paz, amor y creatividad. En los años 60, la flor se convirtió en símbolo de resistencia pacífica, de esperanza y de un sueño colectivo que desafiaba la guerra, la opresión y la rigidez de los sistemas establecidos. Los festivales, la música, el arte y la protesta social construyeron un imaginario en el que la fuerza no era el dominio, sino la armonía, la expresión y la empatía.
Sin embargo, como todo movimiento idealista, el Flower Power tuvo su límite. A medida que la realidad política y económica imponía sus reglas, aquel poder simbólico comenzó a diluirse, dejando espacio a la frustración, a la división y al desencanto. Lo que empezó como un canto a la libertad y la creatividad se transformó en un recuerdo, y la fuerza bruta, antes contenida por la esperanza, reapareció con vigor en las estructuras de poder tradicionales.
Hoy, décadas después, la marchitación del “Flower Power” adquiere un nuevo significado. El mundo contemporáneo muestra cómo la utopía puede ser absorbida por los ciclos de poder: grandes potencias vuelven a disputarse la hegemonía mediante armamento, tecnología militar y estrategias geopolíticas. La fragilidad de los ideales de paz se enfrenta a la fuerza consolidada, y la historia parece repetirse: la fuerza se abre camino, y la utopía queda relegada a la memoria y al arte, como un espejo de lo que pudo ser y de lo que aún podría aspirarse.
En la obra se establece un vínculo entre tensión, idealismo y fuerza que se refleja de manera simbiótica. La caída del poder de las flores no es solo un hecho histórico, sino un proceso que atraviesa la memoria, la percepción y la interpretación haciendo que esa sensibilidad por la paz se desplome y conviva con la aparición de la fuerza emergente, la pugna de poderes y la inevitabilidad de la transformación. Así, la obra se convierte en un diálogo entre pasado y presente, entre utopía y realidad, entre la sensibilidad humana y los ciclos del poder.
El marchitar del "Flower Power” no es un lamento, sino una reflexión: nos recuerda que los ideales no desaparecen, sino que se metabolizan, que se reinventan y que pueden reaparecer, incluso en tiempos donde la fuerza parece reclamar todo el protagonismo. Como artistas, nuestra función es mantener viva la memoria de esos ideales, interpretarlos y mostrar que, aunque la fuerza resurja, la conciencia, la creatividad y la sensibilidad siempre pueden encontrar un camino.
“Los valores bajo los que se sustenta nuestra sociedad nacen del materialismo puro. El pragmatismo y los intereses materiales son la única y fundamental ambición en torno a lo cual todo gira. Las imperfecciones en el comportamiento y las pautas del ser humano son la consecuencia extrema de asociar hedonismo y materialismo y esto es lo que analiza esta serie de obras.”