Argumentation and reasoned foundation of the work:
La obra no nace desde la voluntad de representar un hecho aislado, sino desde la necesidad de señalar una fractura profunda en el tejido moral de nuestra sociedad. No hablamos de un instante, sino de un proceso silencioso en el que la juventud, lejos de habitar una etapa de descubrimiento y plenitud, comienza a percibir la existencia como una carga insoportable.
Hay algo profundamente perturbador en que quienes apenas han comenzado a vivir identifiquen el mundo como un espacio hostil, un territorio donde el sufrimiento no es circunstancial, sino estructural. Esta obra se levanta sobre esa conciencia: la de una generación que entiende lo que le ocurre, que incluso puede nombrarlo, pero que se siente completamente desprovista de herramientas reales para enfrentarlo. Cuando el dolor se vuelve constante, cuando la herida deja de ser excepcional para convertirse en paisaje, aparece una pregunta incómoda: ¿en qué momento normalizamos lo insoportable? La historia que subyace en esta pieza no debería haber existido jamás, y sin embargo ocurrió, no como un fallo puntual, sino como la consecuencia de múltiples omisiones, decisiones erróneas y abandonos institucionales. Una vida marcada por la desprotección, por la ruptura del núcleo familiar, por la exposición a entornos que lejos de cuidar, destruyen; una existencia que termina siendo atravesada por la violencia más brutal, por la vulneración absoluta del ser, hasta dejar a la persona reducida a una condición de dolor permanente. Y es entonces cuando el sistema, incapaz de reparar, opta por cerrar el ciclo no desde la reconstrucción, sino desde la rendición. La eutanasia aparece aquí no como un acto de libertad, sino como el síntoma último de un fracaso colectivo, como la evidencia de que hemos llegado tarde a todo lo que realmente importaba.
Esta obra no busca recrear el horror, ni imponer una imagen explícita del sufrimiento; al contrario, se construye desde la quietud. Un campo, un espacio aparentemente sereno, casi suspendido en el tiempo, donde la ausencia pesa más que cualquier representación directa. Un campo santo que no alberga únicamente un cuerpo, sino una conciencia; la de una joven que encarna el dolor acumulado de muchos, la fragilidad de quienes no encontraron sostén y la derrota de una sociedad que no supo —o no quiso— proteger. La tierra, fría y silenciosa, se convierte en metáfora de un sistema que termina absorbiendo aquello que previamente descompuso, fertilizándose de la materia de quienes fueron debilitados, anulados y finalmente descartados.
No hay dramatismo en la escena, pero sí una profunda sensación de vacío, de soledad irreversible, de distancia emocional. La obra respira en esa tensión: en lo que no se muestra, en lo que se intuye, en lo que el espectador debe reconstruir desde su propia conciencia. Porque quizás lo más inquietante no es lo que ocurrió, sino el hecho de que ocurrió dentro de un marco que consideramos civilizado. “El día que nunca hubo que llegar” no señala a un individuo, sino a un conjunto de decisiones, a una inercia social que permite que el sufrimiento se cronifique hasta volverse insoportable. Y en ese silencio final, en esa calma que parece casi bella, se esconde la pregunta más incómoda de todas: si realmente hicimos todo lo posible para evitarlo.
Ésta es la crónica de una historia singular, pero que es tan sólo la punta del iceberg, la de una joven separada de sus padres divorciados, un proyecto de familia fracasado que al ser considerados incapacitados para ayudarla a crecer adecuadamente, fue internada en un centro de custodia del estado en el que unos jóvenes inmigrantes, igualmente en ese mismo centro recluidos, cometieron con ella una violación grupal.
Sobre la obra: “En lugar olvidado se hayan los restos de las almas perdidas”
“Los valores bajo los que se sustenta nuestra sociedad nacen del materialismo puro. El pragmatismo y los intereses materiales son la única y fundamental ambición en torno a lo cual todo gira. Las imperfecciones en el comportamiento y las pautas del ser humano son la consecuencia extrema de asociar hedonismo y materialismo y esto es lo que analiza esta serie de obras.”